Edición junio martes, 18 de junio 2013

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¡ Luz, Cámara… Tango!

Creadores y luminarias tangueras de una pasión nacional

la historia del tangoContinuando con el tema que abordamos hace muy poco, repasamos la presencia del tango en el cine sonoro. Momentos y personajes fundamentales de un contacto fecundo que nació al despuntar la década de 1930, cuando la música de Buenos Aires encontró en el cine un canal privilegiado para la promoción y la difusión de letras, de autores y de artistas. Algunos hitos y grandes nombres del tango en el celuloide.

 

En 1930, le puso voz al tango de cine y al mismo cine en general Carlos Gardel (siempre primero en todo) con una serie de cortos que duraban una canción, algunos precedidos por una breve actuación. Antes, se habían oído tangos, pero a través de discos, sincronizados entre el fonógrafo y el proyector; uno de los que lo hicieron fue Ángel Villoldo. Lo de Gardel era otra cosa. Eduardo Morera, con producción de Federico Valle, lo filmó en un galpón de México 832, entre octubre y noviembre de ese año.

gardel_guitarristas“Filmamos quince cortos -aclaró el propio director- pero hubo cinco que salieron mal”. De esos cinco, en los años 90, se descubrió El quinielero. Los que se exhibieron fueron Viejo smocking, Rosas de otoño, Mano a mano, Yira… yira…, Tengo miedo, Padrino pelao, Añoranzas, Canchero, El carretero y Enfundá la mandolina; los dos primeros acompañados por Francisco Canaro y el resto por sus guitarristas Barbieri Aguilar y Riverol.

Pero el primer largometraje sonoro fue Tango!, que produjo Argentina Sono Film, con dirección de Luis José Moglia Barth, estrenado, en el cine Real, el 27 de abril de 1933. El elenco era impresionante: Tita Merello, Alberto Gómez (los protagonistas), Azucena Maizani, Mercedes Simone, Libertad Lamarque, Alicia Vignoli (que, curiosamente, no cantó), Juan Sarcione (que tampoco cantó), El Cachafaz y las orquestas de Ponzio-Bazán, Filiberto, Maffia, Fresedo, Donato y D’Arienzo.

No obstante, Ricardo Hicken aseguraba que el largometraje sonoro inicial de nuestro cine había sido su película Los caballeros de cemento, cuyo rodaje concluyó -siempre según sus propias palabras- antes de Tango!, pero fue estrenada posteriormente. Podría ser… aunque no hay más constancia que la afirmación del propio director. De todos modos, el primero que vio el público fue el de Moglia Barth, a cuya zaga vendría una infinidad de películas de tema tanguero…

un tropezonInclusive, se filmaron varias biografías de protagonistas célebres de nuestra música, como las tres de disímiles argumentos sobre nuestro cantor máximo: La vida de Carlos Gardel (Hugo del Carril, 1939), Se llamaba Carlos Gardel (Roberto Escalada, 1949) y El Morocho del Abasto (Rolando Chaves, 1950). Eduardo Arolas fue personificado por Juan José Míguez en Derecho viejo (1951), con la cuota de humor a cargo de Severo Fernández y Tito Lusiardo; Pascual Contursi halló su imagen cinematográfica en Jorge Salcedo para Mi noche triste (1952), en la que aparece Aníbal Troilo con su cantor Jorge Casal; el pianista Juancito Díaz fue Julio Sanders en Adiós, muchachos (1955), y José Betinoti -aunque payador, tocó tangos en un trío de sus comienzos- fue encarnado por Hugo del Carril, en El último payador (1949).

El argumento y la dirección de esta última corrieron por cuenta de Homero Manzi, que escribió los guiones de algunos de los filmes argentinos más memorables, como lo son La guerra gaucha (1942), Su mejor alumno (1944), Pampa bárbara (1945), Pobre mi madre querida (1948) y Escuela de campeones (1950).

Otro tanguero que fue argumentista, director y además, actor (un estupendo actor; véase El hincha) ha sido Enrique Santos Discépolo: El alma del bandoneón (1935), Mateo (1936), Cuatro corazones (1939), Caprichosa y millonaria (1940), Un señor mucamo (íd.), En la luz de una estrella (1942), Fantasmas de Buenos Aires (íd.), Cándida, la mujer del año (1943), Yo no elegí mi vida (1949) y El hincha (1951).

madreselvaComo Manzi y Discépolo, también Hugo del Carril fue un insoslayable director si de cine nacional se habla. Realizó, en la época que nos ocupa (1930-1960), Historia del 900, Las aguas bajan turbias, La Quintrala, Más allá del olvido y Una cita con la vida. A su vez, el letrista tanguero  José Agustín Ferreyra, “El Negro”, produjo Puente Alsina, Muchachos de la ciudad y otras exitosas películas del momento.

También fueron letristas, guionistas y directores Manuel Romero (Las luces de Buenos Aires, La muchacha del circo, Tres anclados en París, Los muchachos de antes no usaban gomina, Carnaval de antaño, La rubia Mireya, La vida es un tango), Luis César Amadori (Puerto Nuevo, Madreselva), Enrique Cadícamo (Virgencita de Pompeya, Nace un campeón, Noches cariocas y los cortos de Angelito Vargas), Luis Bayón Herrera (Las luces de Buenos Aires -guión a medias con Romero-, El Morocho del Abasto), José Bohr, además, actor (Sombras de gloria, La sangre manda -primera película con tango del cine mexicano-, El látigo, Yo vendo unos ojos negros).

Otros letristas tangueros también han sido argumentistas cinematográficos. Ahí está Francisco García Jiménez, autor de Se llamaba Carlos Gardel (protagonizada por Hugo del Carril); a medias con Enrique Cadícamo, La historia del tango (Virginia Luque, Juan José Míguez), y en colaboración con José María Contursi, Mi noche triste (Jorge Salcedo), una biografía de Pascual Contursi. Y para no abundar en ejemplos,  Alfredo Le Pera, autor de la mayoría de las películas de Gardel.

Todos ellos habían sido precedidos por el cantor y compositor de la Guardia Vieja Arturo Mathon, que, en 1927, filmó La patria de los gauchos, en calidad de director, pero también de argumentista y protagonista… y no cantó porque dicha película era muda.

Cantores y cancionistas no demoraron en convertirse -salvo algunos casos excepcionales que también aquí se incluyen- en improvisados actores: Carlos Gardel (Las luces de Buenos Aires, Melodía de arrabal, La casa es seria, Espérame, Cuesta abajo, El tango en Broadway, Cazadores de estrellas, El día que me quieras y Tango Bar), Ignacio Corsini (Ídolos de la radio y Fortín alto), Libertad Lamarque (El alma del bandoneón, Besos brujos, Madreselva, En el viejo Buenos Aires, La cabalgata del circo, Romance musical, Gran casino), Azucena Maizani (Monte criollo y Nativa), Tita Merello (Tango!, cine_merelloAsí es el tango, La fuga, Pasó en mi barrio, Arrabalera, Mercado de Abasto, La morocha), Sofía Bozán (Las luces de Buenos Aires, Carnaval de antaño, Puerto Nuevo), Hugo del Carril (Los muchachos de antes no usaban gomina, Madreselva, El astro del tango, La cumparsita, La cabalgata del circo, Tres anclados en París, Pobre mi madre querida, El último payador, Confesión, La canción de los barrios, En la luz de una estrella), Mercedes Simone (Sombras porteñas, La Vuelta de Rocha y Ambición), Ada Falcón (Ídolos de la radio), Charlo (Carnaval de antaño, El alma del bandoneón, Puerto Nuevo), Alberto Vila (Radio Bar, Cuatro corazones y Retazo), Roberto Quiroga (El cantor del pueblo), Alberto Castillo (Adiós, pampa mía, El tango vuelve a París, Un tropezón cualquiera da en la vida, Alma de bohemio, La barra de la esquina, Buenos Aires, mi tierra querida, Por cuatro días locos, Ritmo, amor y picardía, Música, alegría y amor, Luces de candilejas, Nubes de humo), Jorge Vidal (El tango en París), Virginia Luque (Un tropezón cualquiera da en la vida, La historia del tango, El patio de la morocha), Julio Martel (El ídolo del tango) y entre otros, Ángel Vargas, que repitió la experiencia gardeliana de 1930, con El cuarteador y Tres esquinas.

Estados Unidos ya había puesto sus ojos en el tango desde los lejanos días del cine silente (Los cuatro jinetes de Apocalipsis, con Rodolfo Valentino, Beatrice Domínguez y Alice Terry; El gaucho, con Douglas Fairbanks y Lupe Vélez).

Ya en el sonoro, además de lo cantado por Gardel para la Paramount, pudo oírse La cumparsita en Leven anclas, El ocaso de una vida , Una Eva y dos Adanes y El último invitado; Celos, en la citada Leven anclas y París en primavera; A media luz, en Rosa de Washington, A media luz los tres y Dos semanas de amor; Fumando espero, en El último cuplé; El choclo, en Bolero, Beso de fuego, Piratas, Gran casino, El otro hombre débil y La belleza de Hipólita

Los ejemplos extranjeros serían, prácticamente, interminables. Pero conviene demorarse en Beso de fuego (1955), en la que Jack Palance y Barbara Rush se aman en el Nuevo México de 1700 y donde, entre conquistadores españoles e indios comanches, se oyen -algo aflamencadas- las anacrónicas notas de El choclo; para el caso, rapiñado por Lester Allen y Robert Hill con el título de la película y versos en inglés, que en ese mismo año grabaría Louis Armstrong, quizá sin saber que estaba interpretando un tangazo de nuestro Ángel Villoldo.

Tal, a grandes rasgos, la historia del tango en el cine sonoro, desde sus inicios hasta 1960. Por supuesto, la canción porteña continuó sonando en la pantalla hasta nuestros días, pero ése es tema de otro artículo incluido en esta misma edición. Allí se comprobará que nuestro cine, que nació con tango, no pudo desligarse de ese inevitable destino musical.

Roberto Selles

 
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