Vida y obra de Osvaldo Fresedo
Si hay una orquesta típica que ha sido la primera en sonar completamente melódica, suave y refinada -sin descuidar, por ello, la esencia tanguera- es la de Osvaldo Fresedo. Tal característica lo llevó, ya de entrada, a ser requerido para animar las reuniones de las mansiones de familias de la alta sociedad porteña (Madero, Olazábal, Ortiz Basualdo, Del Carril y otras), lo cual amplió notablemente los límites del público tanguero.
Pero en un tiempo de pibes, cuando esos pibes eran “El Pibe Ernesto” (Ponzio), “El Pibe de Flores” (Maffia) o “El Pibe de Wilde” (Marcucci), Fresedo fue “El Pibe de la Paternal”. Un pibe que no nació, precisamente, en ese barrio sino en el de San Nicolás (es decir, el centro), con los nombres de Osvaldo Nicolás, el 5 de mayo de 1897, hijo de Nicolás Fresedo y Clotilde García. Pero en 1910 ya la familia se había mudado a Paternal (Elcano y Avenida Del Campo). Tres años más tarde, su fueye sonaba junto al violín de su hermano Emilio (luego letrista de muchos de sus tangos) y las guitarras de Martín y Pedro Barreto, en un debut bastante lejano al barrio, en la bonaerense Opendoor.
Luego de varios tríos, como los que formó con Paulino Fasciola (violín) y Manuel Aróztegui (piano) o con su hermano y José Ricardo (guitarra) o con Tito Roccatagliatta (violín) y Juan Carlos Cobián (alternando el piano con la guitarra); luego del quinteto con Julio Doutry y Francisco Canaro (violines), José Martínez (piano) y Ruperto Leopoldo Thompson (contrabajo); luego de su paso por las típicas de Francisco Canaro, Roberto Firpo y Vicente Loduca, llegó el año 1919 y con él, su orquesta inicial. La formó, para actuar en el Casino Pigall, con Julio De Caro y Juan Koller (violines), José María Rizutti (piano) y Víctor Hugo Baralis (contrabajo). Meses más tarde, para el Pabellón de las Rosas, la agrupación se ampliaba a catorce músicos: Fresedo, Ricardo Luis Brignolo, Roque Biafore, Luis Minervini y Luis D’Abraccio (bandoneones), Julio Doutry, Julio De Caro, Juan Koller y Rafael Rinaldi (violines), José Martínez, Enrique Delfino y José María Rizzutti (pianos), Víctor Hugo Baralis y Olindo Sinibaldi (contrabajos).
Evidentemente, ya comenzaba a germinar en el joven Osvaldo la idea de la gran orquesta... Por ahora, digamos que, en 1920, integró la Típica Select, conformada para grabar en New York, y que integraban él en bandoneón, Tito Roccatagliatta (primer violín), Alberto Infantas Arancibia (segundo violín), Enrique Delfino (piano) y Hermann Meyer o un tal Lennartz (violoncello). A su regreso, integró el Cuarteto de Maestros, con los ya citados Roccatagliatta y Delfino, y el agregado del violinista Agesilao Ferrazzano, en su formación inicial.
Volviendo a su orquesta -mejor dicho, sus orquestas-, en 1923 comenzó con las innovaciones instrumentales, al incorporar la batería (que tocaba su hermano Raúl Fresedo). Los agregados insólitos siguen; en 1932, incorporó el saxo (Tomás Fumo); en 1935, el vibrafón (Salomón “Saly” Nisguritz) y el arpa (Nélida Gianneo); en 1937, la viola (Demetrio Riseti), y en 1950, el violoncello (Enrique Bourguet). Según el propio Fresedo, la batería llenaba “suavemente los vacíos rítmicos”, el saxo hacía dúo con el contrabajo, el vibrafón otorgaba “mayor riqueza de sonido melódico” y el arpa reforzaba las cuerdas. Más allá de lo cual, la de don Osvaldo fue la primera orquesta que sonó a orquesta de concierto.
Por otra parte, aquellas formaciones de sus primeros tiempos sonaban aún bastante rítmicas y no se diferenciaban del resto en cuanto a tempo (velocidad), pero la Orquesta Típica Fresedo fue desacelerándose hasta completar, con este detalle, la totalidad de su estilo.
Al margen del aspecto musical, fue conocida su vocación por la aviación deportiva, que le inspiró títulos como los ya citados “Desde las nubes” y “La ratona”, nombre éste de su avioneta. Había obtenido su brevet de piloto en 1923 y en ese mismo año resultó ganador de una carrera aeronáutica entre Buenos Aires y Mar del Plata. También colaboró con el diario “La Nación”, al traer, con su Ratona, material fotográfico desde Montevideo
Pero Fresedo ha sido, además, un compositor de fluida inspiración, que se inició en tal menester en 1914, con “¡Chupate el dedo!” -estrenado por Carlos Posadas- y “El espiante” -interpretado por primera vez por el cuarteto de Augusto Pedro Berto y grabado un año después por Francisco Canaro-, que, por otra parte ha sido una de sus páginas más populares. Más tarde, vinieron “El sexto”, “Amoníaco”, “El once”, “Aromas”, “Colibriyo”, “El cuco”, “Cielito mío” -basado en la canción mexicana “Cielito lindo”-, “Criollo viejo”, “El matecito”, “Pobre chica”, “Perdón, viejita”, “Muchachita de Montmartre”, “Arrabalero”, “Tango mío”, “Meneguina”, “Sollozos”, “Oro y seda”, “Mi viejo reloj”, “Tango azul”, “Ronda de ases”, “Pimienta”, “Tarila”, “De academia”, “La ratona”, “Una gota de rocío”, “Bandoneón amigo”, “Desde que dije adiós”, “Gratos recuerdos”, “Nueva York”, “Rosarina linda”, “Desde las nubes”, “Elvirita”, “Siempre es carnaval”, “Viajando”, “Pampero”, “Vida mía”, “Yo soy” y tantos otros...
Pero Fresedo también incursionó en diversos géneros, como el vals (“Amor tirano”, “Recuerdo eterno”, “Corazón”, “Amor”), la ranchera (“En el recreo”), el foxtrot (“Madre, dime por qué”, “Contigo quiero ir”), la rumba (“El cubanito”) y otros, y aún produjo un poema sinfónico (“La creación”) y una rapsodia (“Rapsodia en tango”).
Durante setenta años se mantuvo en el disco, a partir de sus grabaciones con la Select, en 1920. Tal carrera discográfica fue realizada a través de los sellos RCA Víctor, Brünswick, Columbia, Odeón y Arte, y a veces, puso su orquesta -siempre para la grabación- al servicio de varias voces notables, como las de los tangueros Carlos Gardel, Agustín Magaldi, Ada Falcón, Mercedes Carné y Roberto Goyeneche; la cultora de la copla y el tango Pilar Arcos; el lírico Tito Schipa, y los boleristas Pedro Vargas, Roberto Yanés y Daniel Riolobos. En cuanto a los vocalistas de su agrupación, los que más se identificaron con el sonido Fresedo fueron Roberto Ray y Héctor Pacheco.
En 1928 y 1930, su orquesta actuó en París, y en 1928 y 1935, en New York, con lo cual inició su celebridad internacional. Tal circunstancia lo llevó a grabar, más tarde, con el célebre trompetista estadounidense Dizzy Gillespie, creador de esa modalidad jazzística de avanzada llamada Bebop.
En 1984, habíamos fijado con Fresedo una fecha para llevar a cabo un reportaje; no recordamos el día, pero, sin duda, era posterior al 18 de noviembre, cuando la muerte nos privó de su realización y silenció para siempre su orquesta. La primera en sonar completamente melódica y refinada, sin desmedro de la esencia tanguera.
Roberto Selles |