Edición julio lunes, 28 de julio 2014

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El tango en Japón

El dos por cuatro en el país del sol naciente

megataCuando viajé a Japón en 1976 (país al que regresé en 1980 y 1981), no fue su gran desarrollo económico y tecnológico lo que realmente me sorprendió de ese fascinante y cautivador país – tan caro a mis recuerdos- sino, por el contrario, algo tan poco material pero, a la vez tan valioso, como  los sentimientos de cariño y gratitud que el pueblo japonés tiene para con los argentinos y su enamoramiento con el tango.

Con enorme curiosidad comencé a indagar por qué a pesar de encontrarse  geográficamente en las antípodas, Japón tiene a la Argentina tan cerca de su corazón.

Fue ese afán por saber y la inapreciable colaboración de mis amigos, los señores Minoru Matoba, Yoyi Kanematsu, Tadao Takahashi, Yoshio Nakanishi, Hirosho Yoneyama, y las señoras Kazuko Higuchi y Ranko Fujisawa, lo que se convirtió en la semilla que, casi un lustro después, se concretó en un libro que, sin pretensión de tesis psico-sociológica, nos dice que la conocida afirmación  “el tango en Japón despierta pasiones,” es real.

Recordemos que el primer contacto diplomático entre Japón y Argentina se produjo en 1889, en tiempos del emperador Meiji; y que en 1905, durante la guerra ruso-japonesa, la marina de guerra argentina cedió a Japón los acorazados “Moreno” y “Rivadavia”, rebautizados posteriormente con los nombres de “Nisshin” y “Kasuga”.

minoru matoba 4Recordemos también que durante la Segunda Guerra Mundial –según me explicó Minoru Matoba, representante de SADAIC en su país- se prohibió en Japón la ejecución de música extranjera, hecho que no ocurrió con el tango, por ser considerado música de un país no enemigo.

Finalizada la guerra los discos “Adiós Pampa mía”, grabado por Aníbal Troilo cantado a dúo por Floreal Ruiz y Alberto Marino; “A la gran muñeca” y “Organito de la tarde” por Di Sarli; “Para dos” por Pugliese y “Patético” y “Una lágrima tuya” por Troilo, batieron récords de ventas. Por otra parte, debido a la escasez de alimentos que padecía Japón, dos barcos argentinos, con sus bodegas repletas de trigo, fueron los primeros en atracar en puerto japonés. Fue cuando los tangueros nipones vieron nacer con enorme entusiasmo las peñas y las tanguerías. La proliferación de estos establecimientos, con sus carteles luminosos, anunciaban nombres tan porteños como: “Canaro”; “Milonga”; “La Candelaria”; “El Llorón”; “Chanté”; ”Felicia”; “Caminito”; “Tanguera”; “Chiqué”; “El Patio”; “Tango de la Esperanza” y… muchísimos más.

Así como la paciencia es proverbial en Japón, también lo son la memoria y el agradecimiento. Quizá allí resida el germen del metejón que tienen con el tango. Metejón que llegó a tal extremo, que hizo que un ejecutivo y licenciado en Filosofía y Letras se aprendiese de memoria casi trescientas letras de tango; o que un ex-capitán de la marina mercante llegase a fundar y presidir una peña tanguera a la que llamó “Gardepolín”.

Al parecer, el primer contacto que los japoneses han tenido con el tango fue en el año 1906, año en el que las partituras de “La morocha” fueron transportadas por la  Fragata Sarmiento. Ese año, dichas partituras llegaron  a Finlandia, Australia, Corea y Japón. Entre otros documentos,  fue Yoyi  Kanematsu quien dio con la noticia publicada en un diario de su país, que daba cuenta de ese hecho. La crónica relata una recepción oficial a la tripulación, el 25 de julio de 1906, en el Oriental Hotel de Yokohama, que fue amenizada por la banda de nuestra fragata.. Probablemente,  aquella noche haya sonado en suelo japonés,  por  primera  vez,  el  tango La morocha.

Junzaburo Mori, quien junto al barón Megata puede ser considerado como el primer gran difusor del tango argentino en su país, escribió:: “Que yo sepa, el primer contacto que tuvo esta música peculiar con nuestro ambiente fonográfico se debió a una gestión del ya fallecido almirante Kiyokawa, perteneciente al Estado Mayor durante la batalla naval contra Rusia, en 1905, quien importó discos de música argentina.

“Hasta el día de hoy, se desconocen los medios a través de los cuales dichos discos llegaron a manos del almirante.

“Pero, lo cierto es que un día, y por casualidad, hallándome en el salón de la mansión del barón Megata, tuve el honor de conocer a la hija del almirante Kiyokawa, quien había ido a visitar al barón llevándole un gran álbum de discos.”

En relación con la importación de discos argentinos cabe rescatar una anécdota que protagonizara  el señor  Mori, autor de “Tango” (primer libro de autor japonés que abordó ese tema), editado en Tokio en 1930, y “El Baile Argentino” (método para bailar el tango), publicado en la misma ciudad en junio de 1933. Por especial solicitud de la compañía grabadora Victor-Japón, Mori había conseguido que le importaran discos de tangos argentinos exclusivamente instrumentales, ya que él los quería para su difusión bailable.

En uno de los envíos le llegó, por error de despacho, el que sería el primer disco de folklore enviado a Japón: una ranchera y un gato de don Andrés Chazarreta; y una placa de Rosita Quiroga interpretando “Julián” y “Negro”. Según me relató el señor Mori, el particular estilo de Rosita Quiroga lo emocionó tan profundamente que fue el factor determinante para que cuatro años más tarde, conjuntamente con Tadao Takahashi, al editar el primer álbum de tangos en Japón, la incluyera con “Vieja Guitarra”, tema que sirvió para hacer conocer a dicha cantante en el país nipón. Junzaburo Mori tuvo así el privilegio de haber sido él quien hiciera conocer el nombre de Rosita Quiroga en Japón.

Ahora, y sin pretender ser exhaustivo en la  cronología, recordemos que en los albores de 1930 nació la primera orquesta japonesa que incluyó tangos en su repertorio. Dirigida por el chelista Matsubara actuó en un dancing de Tokio con el nombre de “Montparnasse Tango Band”. Dos años después debuta la que sería la primera orquesta nipona dedicada exclusivamente al tango, dirigida por el violinista Kiyoshi Sakurai.

En 1935, la soprano Noriko Awaya, conocida como “la reina del blues”, graba en japonés “La canción de Buenos Aires”, “Alma de bandoneón”, “Yira Yira”, “La cumparsita”, “Caminito” y “Poema”, constituyéndose en  la primera cantante japonesa que graba tangos. Memorable es también la grabación de “La cumparsita”, realizada por la actriz Ranko  Edogawa a fines de la década del 30.

En 1947,  nace la más calificada orquesta de tango del Japón: “La Orquesta Típica Tokio” dirigida por el bandoneonista Shimpei Hayakawa, esposo de la que sería luego famosa cancionista, Ranko Fujisawa.

luis alposta y tadao takahashi 2Otro nombre para recordar es el de Tadao Takahashi, compositor, arreglador, pianista, director de orquesta, poeta, comediógrafo (de comedias musicales), difusor de la música iberoamericana, estudioso de la música clásica japonesa y, por si todo esto fuese poco, un auténtico cultivador de orquídeas. Podemos decir también que ha sido él quien introdujo en Japón los primeros discos de Carlos Gardel, dado que ya antes de estrenarse en Tokio, en 1932, la película “Luces de Buenos Aires”, había obtenido, vía Francia, las grabaciones de “Ramona” y “El carretero”.

En 1936, gracias a una gestión suya y del señor Mori, la casa Victor-Japón lanza al mercado el primer álbum de tangos, en el que Tadao, como editor responsable, aporta sabrosos comentarios sobre autores e intérpretes, a los que incorpora, además, la traducción de cada una de las letras de los tangos incluidos. En el correspondiente programa figuraba también una explicación gráfica -a cargo de Junzaburo Mori- acerca de  cómo debían bailarse cada uno de esos tangos.

Takahashi tuvo también el privilegio de haber sido él quien presentó a la orquesta de Juan Canaro –la primera orquesta argentina que actuó en Japón- al debutar  en Tokio el 21 de noviembre de 1954, en el teatro “Nichi Geki”, con gran éxito.

Solamente  la  más  imaginativa  de  las  realidades,  podría  contarnos  esta  historia  que  nos  habla  de  la  pasión  de  un  hombre  por  el  tango;  historia  desarrollada  no  sólo  en  las  antípodas  de  nuestra  geografía,  sino  en  la  de  nuestra  modalidad  y  esencia.

La  crónica  del  tango,  entre  lo  legendario  y  lo  épico,  muchas  veces  suele  referirnos  hechos  de  honda  y  novelesca  atracción,  de  fondo  misterioso  y  mágico,  donde  se  mueven  seres  de  perfiles  poéticos,  que trascienden  los  límites   de  la más cruel de las realidades. Resumamos  esta historia en una carta (cuyo original poseo). La  que Yoyi Kanematsu le escribió a Rosita Quiroga en 1970, al enterarse de que ella viajaría a su país:

 

Muy  estimada  amiga:

Me  tomo  la  libertad  de  aprovechar  la  presente  para  comunicarle  que  me  siento  más  feliz  que  nunca  al  enterarme  por  intermedio  de  Oiwa  de  que  usted  está  gozando  de  buena  salud,  y  de  que  piensa  realizar  una  visita  a  mi  patria  en  1971.

Como  gran  admirador  suyo  desde  hace  treinta  años,  esta  noticia  me  causó  gran  alegría.

Me  acuerdo  de  que  en  los  últimos  días  de  la  guerra  pasada,  bajo  los  bombardeos  aéreos  americanos,  me  refugiaba  todos  los  días  en  el  foso  antiaéreo  con  mis  discos  bajo  el  brazo,  los  discos  que  usted  grababa  para  el  sello  Victor.  “Vieja  guitarra”,  “Sentimiento  malevo”,  “Viejo  coche”,  “Negro”,  me  acompañaban  siempre.

De  noche,  ante  los  reproches  de  la  gente  ignorante  del  pueblo  que  temía  que  el  avión  enemigo  recogiera  el  sonido  de  la  música,  yo  solía  escuchar  tangos  con  el  fonógrafo  cubierto  con  una  manta.

Pero,  lamentablemente,  el  29  de  mayo  de  1945,  cuando  sólo  se  encontraba  allí  mi  madre  enferma,  cayó  en  mi  casa  una  bomba  incendiaria  que  redujo  todo  a  cenizas,  incluyendo  los  discos  que  yo  tanto  quería.

Después  de  la  guerra,  buscando  por  todos  lados  con  mucha  dificultad,  conseguí,  de  segunda  mano,  algunos  discos  suyos  para  reponer  mi  colección  perdida.

yoyi - 1976 - en su casa 001Usted  ya  sabe,  por  intermedio  de  Oiwa,  cómo  la  admiraban  los  hinchas  japoneses  del  tango  antes  de  la  última  guerra.  Hoy,  los  que  han  sobrevivido  a  ella  siempre  llevan  en  el  recuerdo  la  voz  y  la  imagen  de  la  gran  intérprete  del  tango  que  es  usted.  Hoy,  la  nueva  generación,  gracias  a  algunos  tangos  regrabados  en  LP,  puede  compartir  la  alegría  de  conocer  el  alma  del  tango  por  usted  interpretado.

Sabrá  usted  disculpar  mi  atrevimiento  de  escribirle,  pero  mi  emoción  no  sabe  de  fronteras  ni  de  etiqueta.  Nuestro  país  se  encuentra  muy  lejano  al  suyo  en  la  distancia,  pero  muy  cercano  en  el  sentimiento.

Le  envío  esta  carta  por  intermedio  del  señor  Armando  Husso,  violinista  de  la  orquesta  de  José  Basso.     El  señor  Husso,  al  escuchar  el  tango  Vieja  guitarra  interpretado  por  usted,  se  emocionó  tanto  que  lo  grabó  en  cinta  y  se  lo  llevó  a  Buenos  Aires.

El  amigo  Oiwa  me  enseñó  unas  fotografías  suyas  con  la  señora  Mercedes  Simone,  a  quien  igualmente  admiro  mucho,  y  me  contó  de  los  momentos  que  él  pasó  con  usted.

La  felicito  de  todo  corazón  y  ruego  a  Dios  que  la  dicha  sea  su  compañera  inseparable  en  muchos  años  por  venir.

La  saluda  muy  respetuosamente  su  amigo  y  admirador  en  el  lejano  Japón.

Yoyi  Kanematsu

En 1980, los japoneses festejaron los “cien años del tango”. Lejos había quedado ya la época en que creían que era un ritmo francés o que el bandoneón era el “bombo iluminado” que usaba cierta orquesta parisina. Este error tenía su origen en la conjunción etimológica de las palabras inglesas band: orquesta y neon: luz.

Hoy, y desde hace ya mucho tiempo, los tangueros nipones pueden explicarle a quien quiera oírlos, quiénes eran los autores de los tangos que interpretó Virginia Luque en la película “Historia del Tango”, estrenada en Japón en 1950, o cómo se llamaba el primer violín de la orquesta con la que Osvaldo Pugliese actuó en el teatro Kosei Nenkin de Tokio, en 1965.

Ha sido por esta afición-amor que tienen los japoneses por nuestra música que decidí, al regresar de uno de mis viajes, escribir sobre la historia de “El Tango en Japón”, en homenaje a mis amigos, los tangueros nipones.

Una tarde, mientras caminábamos por el barrio Roppongi, le pregunté a Yoyi Kanematsu por qué el tango gustaba tanto en su país. Y la respuesta no se hizo esperar: - Porque su música nos llega fácilmente al corazón.

 

Luis Alposta

 

En las fotografías: 1-Luis Alposta con Minoru Matoba y su esposa en la joyería de su propiedad, en Tokio; 2- con Tadao Takahashi, y 3- con Yoyi Kanematsu y su familia..

 
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